Qué tiene Andalucía que no Madrid

Iba a titular esta entrada Las razones de la nostalgia pero en el mundo del SEO hay que ser un poquillo más específico. Siendo sinceros, estoy bastante a gusto con mi vida en la capital. Vivo con mi pareja en un piso estupendo, estoy ganando un poquito de dinero escribiendo y hago  prácticamente las mismas cosas -y alguna más que mi pobreza me impedía- que cuando vivía en Sevilla salvo, quizá, -dos veces desde Junio- salir de fiesta.

Sin embargo, Madrid no es Cádiz ni Sevilla, y se nota. ¿Qué tiene Andalucía que no Madrid? Pues muchas cosas. He aquí las que más noto.

Calidez humana: Es un estereotipo, pero es verdad. La gente de Madrid siempre va con prisas. Yo, cuando voy por Madrid, voy con prisas. Nadie te sonríe por la calle salvo que quiera venderte una ONG o una discoteca. Corremos para coger el metro y no tener que esperar cinco minutos al siguiente sin recordar cuando la frecuencia en nuestros lugares de origen podía ser de veinte minutos -y nos lo tomábamos con más calma-. Ya he contado que en el tiempo que llevo aquí no he conseguido hacer ni un solo amigo nuevo. Me relaciono con la gente con la que ya me relacionaba en Sevilla y Cádiz -y con las que se relacionaba mi pareja en Jaén- y que han tenido que emigrar como nosotros. En el lado positivo -para mí- cada vez somos más, cada mes una o dos personas se incorporan a la capital. En el negativo estamos todos muy ocupados y apenas podemos vernos. Puede que sea -parte- de la misma gente, pero los horarios impetuosos impiden retomar las antiguas costumbres. Encontrar un ratillo para tener un rato de ocio en compañía es considerado un triunfo. Aún así, escuchar un poco de acento andaluz de vez en cuando se agradece, y mucho.

Mar: Solo los que hemos crecido en la costa comprendemos de verdad lo que significa estar lejos del mar. Ya lo echaba enormemente de menos en Sevilla. La brisa que huele a libertad. Descansar la vista en un horizonte sin final. Ver como el sol sucumbe cada atardecer bajo las olas. Mi Atlántico bravoso que envuelve con mimo mi Cádiz querido.

La gracia y el salero: Otro estereotipo con fondo de verdad.

-¿Eres de Cádiz?

-Ah, que gracioso. Cuenta un chiste.

Por mucho que a veces nos pese ser los payasos -en el sentido menos creepy– de España, tenemos una forma de enfrentar la vida mucho más divertida. No hay mejor forma de aceptar un sino funesto que riéndote de él. Riéndote en voz alta. Afirmando que aunque ellos tengan el poder nosotros gobernamos la ironía, lo que me lleva al siguiente punto:

El carnaval de Cádiz: Sin duda, mi fiesta favorita. La máxima expresión del arte, el salero, el sarcasmo y la ironía. La posibilidad de escuchar el alma de un pueblo, de una nación entera. El triunfo localista -pese al Ayuntamiento- frente a la Globalización. La diversión y el ingenio. Que en una ciudad de 130.000 habitantes pueda haber tremenda explosión de letras y tronío -gracias también a sus pueblos, Huelva y Sevilla-, que entre mis paisanos haya gente que sepa interpretar tan bien la realidad, hace que cada año me reconcilie con la tierra y que un sentimiento de orgullo y pertenencia anide en mi pecho.

La aleatoriedad: No sé bien como llamar a esta característica. Me refiero a que cada vez que salgas a la calle sea una aventura, a qué sepas que cualquier cosa puede pasar y que puedes conocer a todo tipo de gente. Quizá estoy exagerando, pero se me vienen a la cabeza mil millones de anécdotas 100% Made in Andalucía y que veo poco probable que me pudieran ocurrir en la capital.

Lo gay-friendlyMadrid no le va a la zaga, pero Cádiz y Sevilla son lugares especialmente tolerantes con los homosexuales. En mis largos años allí -excepto los familiares- nunca he tenido ningún problema en ser maricón. Cádiz, es para mí el mayor ejemplo de integración del ocio gay en el heterosexual. La vanguardia de la lucha contra la guetización. La guetización -o elitización- en Madrid es notable. Las discotecas donde no pueden entrar mujeres, bastantes. Me gustan los sitios donde se puede ser gay sin que tu mariliendre lo sufra.

Gastronomía: Mucho que decir, así que lo separaré en productos.

Palmeras de huevo o yema: Uno de los dulces más mainstream en Cádiz y Sevilla, además de uno de mis favoritos es muy difícil de encontrar en Madrid. En pastelerías grandes aparecen, a veces, bajo el nombre de palmera glaseada. Suelo comprarlas cuando las encuentro pero todavía no he encontrado ninguna que pueda hacerle sombra a la palmera de huevo más mala de mi tierra. Pasteleros madrileños, pediros una excedencia, bajad y poneros al día, por favor.

Tapas: Las tan habituales tapas de Cádiz y Sevilla -racioncillas pequeñas a bajo precio (a diferencia de las de Andalucía oriental que son gratuitas con la bebida)- no existen prácticamente en Madrid. Ir a un sitio a comer, pedir tres tapas y una bebida, gastarte siete u ocho euros y reventar es imposible en Madrid. Aquí, para hacer eso, tienes que ir con más gente y compartir raciones. Muy mal.

Solomillo al whisky: Mi tapa favorita sevillana es difícil de encontrar en Cádiz e imposible en Madrid. Lloro.

Chicharrones: Mi colesterol y mi incipiente barriga agradecen a la capital del reino que sea imposible encontrar verdaderos chicharrones de Cádiz. Aquí solo hay  latinoamericanos, que no tienen nada que ver. Pero no tengo vicio mayor que un papelón de buenos chicharrones de la Plaza. Es imposible que nada esté más bueno.

Cazón en adobo y los rebozados de pescado: Solo he conseguido encontrar cazón una vez en la pescadería. El pescado gaditano por excelencia no quiere ser madrileño. Se encuentra en algunos bares pero, por supuesto, tampoco saben hacer un buen adobo ni un rebozado en condiciones. A ellos los llevaba a Las Flores de Cádiz, a El Deán de San Fernando o a que olieran el olor del adobo de la Calle Tetuán de Sevilla.

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