Precarios y resolutivos

En los últimos días, hablando con amigos y seres queridos, ha salido en más de una ocasión el tema de la simpatía en el trabajo y la resolución de problemas. Creo que alguna vez os he contado que cuando me autodiagnostico puntos a mejorar para conseguir una mejor vida laboral siempre concluyo que debería tratar de ser menos serio y algo más simpático.

Tengo una especie de barrera mental que hace que cuando tengo trabajo que hacer sea una persona seria, que no te cuenta su vida ni trata de convertir a sus jefes en sus amigos. Sé que esta actitud involuntaria me ha perjudicado en más de una ocasión a la hora de estar mejor valorado que otros compañeros a los que tenía que resolver sus problemas porque eran bastante más incompetentes que yo. También me pasaba en el colegio cada vez que me mudé. Siempre había una actitud bastante diferente conmigo antes y después de hacer mis primeros exámenes. Primero indiferencia y luego aprecio. Mi falta de peloteo también me quitó algunas matrículas de honor en la universidad cuando empataba con un 10 con otros compañeros mucho más “queridos”.

Hablaba hace unos días de algo parecido con una persona muy querida que acababa de quedarse en paro. En su lugar entraba una compañera que era muy simpática pero un completo desastre. Mi persona querida me contaba a diario como dedicaba gran parte de su jornada laboral a resolver los errores que cometía esta persona, además de hacer todo su trabajo. Eso sí, su compañera le hacía parte de su trabajo a su jefa en detrimento del que le correspondía y del que se tenían que hacer cargo los demás sin que llegase a los oídos de la misma. En el supermercado recuerdo tener un compañero similar, pelota a más no poder, y al que siempre tenía que solucionar sus historias además de las mías. Recuerdo muchas otras historias similares de otras tantas personas a las que podemos definir como bastante resolutivas.

Hay un problema en ser resolutivo y es que hace invisibles los errores de los demás. Nadie (tus jefes) sabe el tiempo que dedicas a arreglar los problemas de otros. También comparando historias me he dado cuenta que las personas resolutivas tendemos a ser menos simpáticos y, muchas veces, estar más estresados. Algo que, por otra parte, es bastante normal si tienes que ocuparte de hacer tu trabajo y el de los demás en el mismo tiempo que los demás hacen lo que les apetece. Pero también algo muy perjudicial.

Es algo similar a lo que pasaba en la Universidad con los trabajos en grupo. Siempre había una o dos personas que terminaban haciéndose cargo de todo porque sino no el proyecto no saldría adelante y también acabarían perjudicados. Recuerdo una ocasión en el que decidí hacer mi parte y no estar encima de los demás para que todo funcionara, para ver si así el resto tomaba ese rol de liderazgo. El resultado fue devastador y el trabajo ni siquiera se pudo presentar, obligándome a ir a un examen (que además después perdió la profesora) pese a llevar más de dos meses antes de la fecha de entrega con todo lo que me correspondía finiquitado. Tras este tipo de experiencias uno asume que le toca hacer más por muy injusto que sea.

 En definitiva, he llegado a la conclusión que ser resolutivo no se premia en los entornos laborales. Al menos no tanto como ser carismático. A no ser, quizá, que dediques parte de tu tiempo a expresar todos los problemas que cometen los demás, algo que te convertiría en un mal compañero y en un hijo de puta. Lo que se premia es ser pelota, prestarle solo tiempo a lo que tus jefes van a ver y no a todo el trabajo invisible que hay detrás y que es lo más importante para que todo funcione. En este país lo que se premia es trabajar nueve horas si tienes una jornada de ocho y no hacer tu trabajo de ocho horas en siete.

Muchas veces he soñado despierto con que dirijo una publicación -una de verdad, con presupuesto que gestionar- o una empresa de comunicación y tengo bastante claro en qué personas delegaría responsabilidades con los ojos cerrados y quiénes contrataría. Quienes serían capaces de resolver los problemas que surgieran y quiénes no cargarían sus responsabilidades a los demás. Me frustra cuando pienso en mi precaria situación laboral y la de esas personas (no todas, pero sí la mayoría) y luego pienso en otras personas que sí lo han logrado pese a hacer un trabajo bastante más nefasto y lleno de errores.

En el trabajo me han dicho en más de una ocasión: “pues no eres gracioso pa’ ser de Cádiz“. Nunca en mi vida personal. Y puede que la vida laboral sea también parte de la vida y haga falta cambiar la actitud. Pero no sabemos cómo. Y, por eso, estamos aquí, precarios y resolutivos.

2 thoughts on “Precarios y resolutivos

  • Nos exigen la formación de un catedrático, las expectativas laborales de un becario, las condiciones laborales de un esclavo, el sueldo de una media jornada, la dedicación de un médico de la UCI…

    Ya si a eso le metes pelotas que no saben buscarse la vida y que dificultan el trabajo de los demás… Apaga y vámnos

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