Mr. Wonderful es malévolo

El mundo se divide entre las personas que se pasan la vida compartiendo fotitos de Mr. Wonderful y leyendo a Paulo Coehlo y aquellos otros que no lo soportan. Yo soy de estos últimos y llevaba unos días queriendo contaros por qué pienso que el mensaje de Mr. Wonderful es deleznable.

La vida no es justa

Quiero empezar diciendo que la vida no es justa. Que, pese al refrán, cuando se cierra una puerta no tiene por qué abrirse una ventana. Vemos cada día millones y millones de desgracias que le pasan a todos los que nos rodean. Hay gente que muere de enfermedades terminales a cada momento, hay gente que es esclavizada, hay gente de la que se abusa, hay gente que nace sin posibilidades. Podríamos haber sido nosotros.

Me estoy imaginando una situación hipotética. La pareja de X murió ayer de leucemia. Se le acerca Y -o un comercial de ONGs- y le dice:

Recoge tu sonrisa que se te ha caído y la vida es maravillosa.

Maravillosos son tus muertos.

En la vida hay problemas. En la vida hay niños que matan a sus padres en el Congo porque otros les entrenan para poder controlar unas minas de coltán que hacen que me puedas leer desde tu smartphone, por ejemplo. Dile al padre de ese niño mientras su hijo le dispara que la vida es maravillosa. Nosotros -o la mayor parte de- estamos lejos de este tipo de situaciones tan extremas pero también tenemos nuestras propias -y, en ocasiones,  no tan insignificantes- desgracias. Y al expresarlas somos conscientes de ellas y al ser conscientes de ellas -a veces- podemos cambiarlas.

Pero al capitalismo no le interesa.

El individualismo: la trampa del capital

Los mensajes positivos de Mr. Wonderful y compañía tienen una pequeña trampa que hacen que guste tanto a las altas esferas. Y es que la síntesis de cada uno de ellos siempre es igual. Tú puedes hacer que tu vida mole. Tú puedes conseguir lo que te propongas. Como el eslogan -casualidad- de Nike: Imposible is nothing.

Y, ¿qué ocurre?

Que así ellos se lavan las manos. Si tu vida es una mierda es que no has sonreído/esforzado lo suficiente. En esta filosofía no entran los refugiados sirios en la frontera turca con el ISIS a su espalda o si has nacido en Gaza. Pero ten seguro que los que te la venden son los mismos que se están enriqueciendo con la guerra. Para los que el campo de batalla acaba en los despachos. Los verdaderos culpables.

Y la cuestión es que, aunque quisieramos ser unos hijos de puta, nos esforzaramos, sonriéramos, esos despachos están lejos de la mayoría de nosotros. Nosotros tenemos que ser conscientes de la situación que tenemos y -sí- luchar -en la medida de lo posible- por cambiarla. Pero también tenemos que saber que no tenemos por qué ganar. Que casi nunca se gana (o que siempre ganan los mismos). Solo hay que ver que los consejos de administración de las grandes empresas del IBEX están llenos de personas con título nobiliario. Cambiarlo todo para que nada cambie, la clásica maniobra lampedusiana.

Ya lo vemos muchos al salir de la universidad. Los mejores puestos no están reservados a los mejores expedientes y/0 trabajadores sino a aquellos que han pagado determinado título privado. Como decía -sabiamente- uno de los peores profesores que he tenido nunca “el dinero protege al dinero”. Y decirte que la culpa de tus desgracias es tuya y no de ellos es otra forma más que tiene de protegerse a sí mismo.

En conclusión

Por mucho que sonrías y te esfuerces no vas a dejar de ser pobre, no vas a curarte de un cáncer ni vas a solucionar los problemas del mundo. Diga lo que diga Mr. Wonderful. 

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