GH Vip es cultura

El pasado jueves comenzó Gran Hermano VIP. Desde entonces han sido muchos los que se han llevado las manos a la cabeza. Incontables columnas se han escrito en los medios de comunicación denigrando un formato y un programa que poco se diferencia de aquellos que les parecen estupendos. Todos con un clamor común difícil de entender: se está premiando la incultura.

Y no es verdad.

GH Vip es cultura. Es importante resaltarlo porque la cultura es uno de los conceptos más malentendidos del momento y en el que hay una mayor distancia entre lo que se cree popularmente y su actual significado académico.

La cultura nació como el ocio de los privilegiados. En los últimos cien años el concepto fue cambiando. Lo llamaban la democratización de la cultura y de la mano de la industria cultural conllevó que los -hasta entonces- incultos, comenzaran a acceder a productos que antes estaban fuera de su alcance. También ayudó la alfabetización que acercó la literatura y, en definitiva, el conocimiento.

La cultura dejó de ser patrimonio de unos pocos, de la élite. Justo entonces se comenzó a hablar de cultura popular y de patrimonio inmaterial. Y es que en el patrimonio había pasado algo similar. Solo importaba aquello que había servido a las élites -palacios, catedrales y castillos-. Lo demás no importaba. Todos sabemos cómo vivían las cortes europeas del siglo XVI pero no qué hacía, dónde vivían o en qué condiciones el pueblo llano hasta hace muy poco.

La Academia ha ido dándose cuenta progresivamente de esto a la vez que estudiaba la vida cotidiana de otras culturas (sí, culturas) extranjeras. De pronto a alguien se le ocurrió que se nos podía hacer el mismo análisis y terminamos descubriendo que todo nuestro ocio es cultura. Que el ocio popular, aun como productos de una industria, es más representativo de lo que somos que lo que nos parece alta cultura porque pertenece a las élites y ha estado fuera de nuestro alcance.

Estoy seguro que si a un esquimal le pones un Debate de GH Vip y otro de La Sexta Noche no encuentra demasiadas diferencias. Los dos representan una forma de vivir el entretenimiento que no es otra que a través del enfrentamiento. “Dar juego”, que le llaman en GH y que es lo que explica que personajazos como Marhuenda o Eduardo Inda acudan a las tertulias a enzarzarse en discusiones tan absurdas como quién robó el bizcocho de un concursante de Gran Hermano durante la madrugada.

Nosotros, sin embargo, hemos decidido que la política es más digna y las relaciones personales menos. Gran Hermano es un formato basado en la convivencia y la convivencia es el primer paso de cualquier entidad política. Aprender a vivir y tratar a nuestros semejantes, ser capaces de gestionar situaciones de estrés y enfrentamiento, crear redes de colaboración para conseguir objetivos comunes, responder a la traición, tener que hacerse responsable sí o sí de tus propios actos, etc… son situaciones en las que se reacciona de una u otra forma dependiendo de nuestros códigos culturales y de lo que se puede aprender mucho en Gran Hermano. Más que en ninguna otra parte. Y es así por dos aspectos fundamentales: el papel de la audiencia y el premio económico.

Ver qué comportamientos aprueba o castiga la audiencia, descubrir cómo algunos se perdonan o no dependiendo del carisma de la persona que los cometa, cómo se construyen y articulan los grupos de fans etc… es una experiencia muy enriquecedora para todo aquel que desee conocer más sobre la conducta humana. También sobre cómo funciona la política y es que podemitas y sofistas – no filósofos de la Antigua Grecia sino seguidores de la ganadora de GH16– tienen un comportamiento en RRSS muy similar, por ejemplo. Las campañas de comunicación social que utilizan también siguen las mismas estrategias. Y siguen las mismas estrategias porque ambas forman parte de nuestra cultura.

Me podréis decir que lo que se discute en una tertulia política es más trascendental para nuestro futuro pero en realidad sabemos que solo sirven para que cada cuál se asienta cuando habla su favorito y comenta las ideas que uno ya defiende. Los acuerdos se cierran en despachos y no en TV. En este sentido también quiero destacar la importancia de conocer y analizar cómo funcionan las relaciones interpersonales y su relación con la audiencia.

Como la imagen que proyectamos es más importante que nuestros actos. Como relacionarte con las personas adecuadas puede llevarte más lejos. Qué significa el éxito. Qué está permitido por nuestras convenciones y qué supone expulsión disciplinaria directa.

Hay mucho que estudiar y analizar. Y cuento esto porque la Real Academia de la Lengua cuenta que la cultura es, en su primera acepción, el conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico. Y hay mucho conocimiento que sacar de GH VIP sobre nuestra sociedad. La segunda afirma que es “el conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etc”. Y de nuevo coincide con lo que podemos ver en GH VIP.

Que nadie crea que sus valores personales están lejos de lo que se representa o se premia en el VIP. Y si lo cree le recomiendo que encienda Telecinco y eche un vistazo. Que escuche los argumentos y piense si podrían salir de su boca. Que luego vaya a su lugar de trabajo y vea cuántos están donde están por ser hijos de alguien, cuántos consiguen mayores beneficios por relacionarse con las personas adecuadas y no por el trabajo duro y bien hecho. O que observe de qué clase social provienen y qué trabajo tienen sus compañeros, así como cuáles son las formas en las que se pueden subir los escalones. También hay VIPs de primera y segunda en GH.

Luego me contáis si GH VIP es o no un claro reflejo de la cultura española de 2016.

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