España es el país del absurdo

España no tiene sentido. Vivimos en un momento histórico que viene pareciendo más un esperpento. El asunto de los titiriteros no es más que la última de una serie de situaciones que he tratado no comentar para evitar el desánimo. La doble moral y la hipocresía a la que asistimos es difícilmente creíble pero la realidad siempre supera a la ficción.

España es un país absurdo. Y puede que muchos otros también porque vivimos en un sistema absurdo encaminado a la autodestrucción. Pero incluso los sistemas absurdos tienen sus propios marcos de reglas y creencias para poder ser sistemas, reglas que en España se saltan según de quién se trate con una impunidad que sangra. Sangran los ojos, la vista y el oído.

España es la Venezuela de la que hablan los medios. Y es que también sigue habiendo dos Españas y otra en medio -la mayor- que no se entera de nada.

Y ¿qué podemos hacer ante esta España? Cada España habla a su España. Yo escribo a mi España y mi España me aplaude. La otra España no comprende mis palabras. Y viceversa.

Solo pido, y no es la primera vez, que respetemos toda España que habla. Estoy harto -y a veces pasa en ambas Españas- que no queramos defendernos del arte y las palabras. La palabra es la respuesta ante la infamia. También en el arte.

La represión de la palabra es cada vez más España. Y esa España me da miedo.

El país del absurdo que es España, que no hay leyes ni derechos ni arte ni palabras. 

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