¿Contratar a un freelance o una agencia de comunicación?

¿CONTRATAR A UN FREELANCE O A UNA AGENCIA DE COMUNICACIÓN Y MARKETING?

¿Es mejor contratar a un freelance o a una agencia de comunicación?

Por Pablo Herrera

¿Debo contratar a un freelance o es mejor confiar en una agencia? Esta es una de las grandes preguntas que cualquier emprendedor se hace cuando decide dar el salto al ecommerce y necesita un experto en marketing online.

También a mí mismo me ha pasado en muchas ocasiones. Aunque me dedique a esto, no soy un experto en todos los ámbitos y en muchas ocasiones he podido necesitar ayuda de un informático, un programador o un diseñador gráfico, por ejemplo.

Trabajo habitualmente tanto para agencias de comunicación y marketing como para particulares y tengo una gran cantidad de amigos y conocidos que están en la misma situación. Algunos han sido contratados por agencias y otros se dedican, como yo, a vender sus servicios al mejor postor.

Probablemente pienses que voy a aprovechar para publicitar las grandes ventajas de trabajar con un freelance, a ver si rasco algo de trabajo. Y aunque es, ciertamente, el objetivo del post, también lo es comentar algunos de los aspectos más llamativos que me he encontrado a lo largo de los años y que pueden ayudarte a evitar bastantes fallos.

No siempre un freelance es mejor que una agencia ni, ni mucho menos, es más barato. Pero, probablemente, un buen freelance es más económico que una buena agencia. Y os contaré por qué.

Los paquetes combinados low cost

Uno de mis consejos fundamentales es que huyas de las grandes agencias y de los paquetes combinados low cost. Es muy probable que alguna vez os haya llamado alguna famosa agencia de marketing. Existe el caso hasta de una que se hace pasar por el mismísimo Google cuando cogéis el teléfono. Y os ofrecen web, posicionamiento SEO, entradas de blog, etc, a un precio irrisorio.

                                              Google no te va a llamar por teléfono

No lo cojas. Es todo un timo.

Esto que os cuento no lo hace una única agencia sino que es una práctica habitual en varias. Se aprovechan de personas que no saben nada de marketing online, le doran la oreja y consiguen un nuevo cliente.

Uno de mis últimos clientes, familiar, cayó en uno de estos paquetes. Era una empresa que todos nosotros conocemos. Le ofrecían una página web con 30 expresiones SEO (algo muy absurdo para una web estática con menos de 300 palabras de texto) por algo menos de 300 € anuales. Al llegar el nuevo año no sabía si renovar y me lo consultó.

Eché un vistazo a la web y quedé anonadado. No solo por la fealdad del diseño sino porque no había rastro de las supuestas y numerosas expresiones SEO y las que habían ni siquiera estaban geolocalizadas, algo fundamental para un negocio local que no vende por internet. Por supuesto, también el copywriting daba pena.

Me escandalizó tanto lo que vi que decidí hacerme cargo, a pesar de que no ofrezco creación de páginas web porque es algo que no me gusta y no se me da especialmente bien (no tengo ni idea de programación aunque me defienda en WordPress). Aun así, mi página, realizada por un amateur, era infinitamente más bonita y útil que las que mi familiar había contratado a grandes profesionales.

En otra ocasión, estaba comentando esta situación con una amiga que trabajaba en otra de estas grandes agencias y me explicaba la razón. Eran tres personas encargándose de más de 300 clientes. Evidentemente, con más de 100 clientes por trabajador es imposible hacer un buen trabajo SEO. Por no hablar del sueldo que cobraban cada una de esas tres personas, aún más irrisorio que el precio de sus paquetes.

La subcontratación

Subcontratación - Cadenadesuministro.es

Otro problema bastante importante con las grandes agencias es la subcontratación de servicios. Personalmente, puedo vivir y comer cada mes gracias a esto, ya que los clientes que tengo por medio de contactos propios o por mi página web me suponen unos ingresos bastante limitados. Sin embargo, cada escala de subcontratación supone una bajada en el escalón de la calidad. El motivo es simple: en cada subcontratación baja el precio pagado por el servicio y, con ello, la calidad.

En alguno de mis trabajos he llegado a estar situado en el escalón número 4 en una cadena de subcontrataciones. Esto quiere decir que hay tres empresas diferentes sobre mí quedándose una parte de lo que el cliente paga para que haga mi trabajo. Y, sobre todo, supone un problema de comunicación cuando queremos hacer las cosas bien.

incomunicación

Incomunicación | Matías Concino

La falta de comunicación

Es como el juego del teléfono, entre lo que quiere el cliente que contrata el servicio y lo que a ti te llega puede haber todo tipo de interpretaciones diferentes. Si trabajas directamente con el cliente esto desaparece. Puede ser que no os entendáis en algún momento determinado, pero podrás preguntar y asesorarte. Por ello, si vais a trabajar con una agencia, al menos tratar de tener contacto directo con la persona que va a realizar el trabajo. Esa es la única forma de que este sea satisfactorio para ambos.

De hecho, las veces que he trabajado para clientes por medio de subcontratas que tienen este tipo de paquetes low cost, me encuentro con problemas inimaginables. Desde una única expresión SEO separada por una coma hasta la venta de servicios que no realizan en la actualidad. Si me encuentro algo así y trabajo directamente para ti, puedo comunicártelo para que lo soluciones. Si tengo a tres empresas por encima, cuando lo comunico me responde la bola del desierto. A nadie le importa hacer más que “su trabajo”. Y si el cliente no descubre que algo está mal, a quien le importa.

Por ello hago hincapié en este aspecto. Porque estoy harto de ver cómo estas agencias se aprovechan de clientes que no tienen conocimientos en el mundo del marketing digital. Y no me parece lícito tratar de ganarte la vida engañando a los demás. Y no digo nombres porque ya he visto más de una denuncia por ahí. Pero solo tenéis que googlear.

La diferencia está en el precio

Al final, ya sea al contratar a un freelance o a una agencia, la diferencia estará en el precio que pagues. Es como si vas a un supermercado y buscas un buen queso curado. Vas a tener que pagar un mínimo por él que cubra los costes de producción y haga que su comercialización sea rentable para el fabricante. Después, encontramos un gran número de ofertas diferentes entre las que podemos elegir de una calidad similar.

Por otro lado, también hay que señalar que la fama y la marca, ya sea personal o de agencia, se pagan. Eso no quiere decir que el resultado vaya a ser mejor. Un Boffard no tiene por qué estar más bueno –y no lo está- que un queso artesanal payoyo de la Sierra de Grazalema, aunque el primero sea más caro.

Por otro lado, hay que tener en cuenta que también pequeñas agencias –e imagino que freelances de renombre, aunque no tengo constancia- se aprovechan del cliente.

Hace poco una amiga me recomendó ofrecerme a una agencia de dos personas que, en ocasiones, externalizaban sus contenidos. No me contestaron y me suscribieron a su lista de distribución sin haberles dado mi permiso. Evidentemente, me di de baja. Más tarde alguien me contaría lo que pagaban a los redactores externos. No llegaba a 10€ mientras que esas personas cobraban al artículo a 30€. Una plusvalía completamente exagerada. Y gracias a que sus paquetes de precios eran públicos, algo nada habitual.

Para que nos entendamos, si me pagas 30€ te voy a hacer un artículo mucho mejor que si una agencia me paga 10€. Dependiendo del precio que me pagues voy a dedicarle un tiempo determinado y ahí está la diferencia en la calidad del producto.

El (inexistente) valor añadido

Por otra parte, en el marketing digital se utilizan muchas estrategias que seguro que estáis acostumbrados a ver. Una de las que más me molestan es la relacionada con los regalos y el valor añadido a tus paquetes o infoproductos.

De pronto, vas a contratar un paquete de diseño web, un curso de copywriting o de anuncios en Facebook Ads, por ejemplo, y comienzan a aparecerte una lista con lo que está incluido. En los últimos años es muy habitual que te aparezca todo tipo de productos adicionales que te llevas de regalo y que en muchas ocasiones tienen una valoración similar o incluso superior al producto que compras.

Por ejemplo, solo durante este mes –porque ponerle fecha final está también muy de moda, aunque cuando acabe el plazo mágicamente haya una promoción nueva- con mi curso de 300€ te llevas mi guía X valorada en 150€ y los vídeos Y valorados en 200€ y cuatro o cinco cosas más. Y, yo, siempre que lo leo, me pregunto, ¿valorado por quién? ¿Por Paco, el cristalero? Es marketing vacío, no te lo creas.

Y, por supuesto, el autobombo. Porque a todos les va estupendamente y tienen una millonada de clientes. Pues mira, si estás regalando tantas cosas tan “altamente valoradas” será que no te va tan bien como me quieres vender.

Personalmente, no soporto que me traten con un imbécil. Si no lo haces, tendrás muchas más posibilidades de que te contrate.

Amigos que no trabajan juntos | Planetagoma

Mejor profesionales que amigos

También podemos tener la tentación de contratar a un amigo que sepa algo de lo que queramos hacer. Mi opinión, y quizá no debería decirlo porque de este tipo de contactos me vienen bastantes trabajos en el día a día, es que siempre es mejor contratar a profesionales que a amigos.

Y lo es por dos razones. Por una parte, porque puede que nuestro amigo esté muy ocupado y te diga que sí por compromiso. Si te hace precio, no podremos exigir lo mismo que si lo contratamos a un desconocido, especialmente en lo relacionado con los tiempos de entrega.

Si te lo hace mal, o tarda más de la cuenta, o de pronto no puede encargarse o lo que sea, al final te podrás enfadar con él y poner en peligro una amistad de forma innecesaria. O aguantarte con el trabajo mal hecho y tener que pagárselo a otra persona.

Por otra parte, también hay que tener en cuenta que no todo el mundo trabaja igual, por muy bien que nos caiga. A lo largo de mi vida me he relacionado con muchísima gente y puedo contar con los dedos de las manos –las dos-, aquella gente en la que realmente confiaría por su seriedad y talento para hacer un trabajo. No todo es llevarse bien en el terreno profesional.

A mí personalmente, que jamás he incumplido un plazo de entrega y que odio la impuntualidad cual alemán, me sale más a cuenta contar con alguien que me cumpla con lo que me dice, que estar dependiendo de favores que tardan semanas o meses en terminar de materializarse. Y en este sentido sí que es verdad que una agencia suele cumplir más que un freelance.

Entonces, ¿a quién contrato?

1. Haz una valoración mental del tiempo que puede suponer el trabajo que requieres y ponle un precio. Recuerda que es un precio en bruto e IVA aparte. Es decir, si crees que el artículo/diseño/anuncio vale 30€ netos, tendrás que pagarle más.

2. Compara entre agencias y freelances. Desecha los precios muy inferiores a tu valoración. La calidad será fatal.

3. Ante precios similares, elige siempre antes al freelance.

4. Si te decides por una agencia, que te garanticen el contacto directo con la persona que va a hacer el trabajo. Y que lo haga alguien que maneje tu castellano.

Últimamente, para reducir costes, es bastante habitual que las agencias externalicen a Hispanoamérica. Solo tenéis que abrir un periódico prestigioso de esa zona para comprobar que la forma de escribir no tiene nada que ver y puede que tus clientes no la entiendan. Lo mismo al contrario. Si eres hispanoamericano, contrata a alguien que conozca tus códigos.

5. A la hora de pedir modificaciones gratuitas, ten también en cuenta el punto 1. Piensa en tu trabajo y qué arreglarías de forma gratuita y qué no.

6. Recuerda que si un freelance encuentra un cliente justo, hará todo lo posible para que esté lo más contento posible. Es un win-win.

Tengo clientes maravillosos que cuando me contratan un artículo de 500 palabras, si el tema da para largo termino haciéndolo de 800, 900 o incluso más sin problema. Cuando alguien te paga de forma justa, a tiempo y aprecia tu trabajo, trabajas con más ganas y tienes más en cuenta las necesidades del texto que lo contratado.

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