Consejos para redactores freelance

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En este artículo te voy a contar algunas de las cosas que he aprendido tras varios años como redactor freelance. Muchos de ellos van más allá y pueden servir a cualquier profesional que quiera trabajar por cuenta propia.

Más de una vez he comentado que llegué a la redacción freelance por casualidad. Trabajar por cuenta propia nunca fue mi sueño ni tampoco lo es ahora. Sin embargo, cada vez disfruto más de las ventajas que tiene y me acostumbro más a los inconvenientes.

Con el paso de los años he aprendido una serie de cosas que os pueden ayudar si vais a entrar en este mundo, ya sea por gusto o por obligación. Escribir es una de las cosas más bonitas del mundo, pero también puede ser un horror. Al final, dependerá en gran parte de cómo te lo montes.

Espero que mis consejos para redactores freelance te ayuden a entenderte mejor con los clientes y conseguir una mayor productividad. Aquí te dejo las ideas principales para ganarte la vida escribiendo desde casa.

Los precios, siempre por escrito

Esto es, sin duda, el punto más importante que te puedo enseñar. Vas a encontrar clientes de todo tipo. Algunos querrán que os encontréis personalmente, otros te llamarán por teléfono, videoconferencia… Contacta con ellos como quieras pero concreta siempre por escrito. Así, si no te pagan y la cosa se pone fea, tendrás la prueba de lo prometido.

Si hay un cambio, que te confirmen lo que te van a pagar. Y, nada de generalidades, que lo hagan con cifras. Más vale ser más pesado de la cuenta. También hay quién pide pagos por adelantado, que puede ser otra forma de cubrirte las espaldas. Yo, personalmente, prefiero cobrar cuando acabo el trabajo.

Este punto me salvó de mi peor experiencia como freelance. Os la cuento a continuación. Había una agencia de marketing que me contrataba bastantes artículos y copys mensualmente. Dentro de la agencia, trabajaba con diferentes empleados. La verdad es que siempre bastante bien. No cobraba mucho pero era gente bastante maja y estaba a gusto con ellos.

UNA LECCIÓN APRENDIDA

Una chica nueva me pidió un presupuesto para escribir la web de una importante cadena de hoteles. Al principio eran textos muy cortos y el presupuesto total era de algo más de 100€. El precio se lo di por texto. De pronto, el encargo de la cadena se multiplicó.

Pregunté si el nuevo encargo significaba más dinero para mí, ya que de lo contrario no me interesaba. La chica no me concretó el nuevo presupuesto exacto pero me dijo, literalmente: “es mucho más, así que será mucho más dinero”. Fue tanto más que terminé escribiendo más de 40 páginas en cuatro días ya que era un encargo urgente. Fue un trabajo abismal pero estaba contento porque me suponía algo más de mil euros. Y 1.000€ en 4 días, aunque no hubiera parado de trabajar ni un segundo, están muy bien.

Acabé y me fui de vacaciones. Hice mi factura y la chica me lo devolvió. Decía que eso no era lo que habíamos hablado. Quería pagarme aún menos del dinero que habíamos concretado en un primer momento porque las categorías del menú se redujeron. La palabra me salía a algo así como 0,0003 céntimos, cuando mi tarifa habitual con ellos era de 2 céntimos la palabra.

Como os podéis imaginar, me indigné y me jodieron las vacaciones. Hablé con su jefa y le reenvié los emails subrayados donde aparecía el precio por texto. También donde la chica decía que el nuevo encargo “es mucho más y, por tanto, más dinero”.

Trataron de lavarse las manos. Me dijeron que no era suficiente profesional por no haber cerrado el precio concreto. (Pese a haberles dicho un precio por texto). Que la chica no estaba acostumbrada a tratar con freelances y que toda la culpa era mía.

No cedí y conseguí una oferta. No logré los mil y algo pero me quedé en 600€. Evidentemente, si hubiera sido mi culpa, me habría quedado con los 100 y ni las gracias. Esa empresa era en ese momento mi única fuente de ingresos y al mes siguiente no me hicieron un solo encargo.

Tuvimos una reunión por Skype para cerrar el tema porque la jefa no quería que se me quedara la sensación de que “eran unos negreros”. La jefa se disculpó pero aún estoy esperando las disculpas de la empleada. Si no tuviera los emails, estoy seguro que no me habrían pagado el trabajo.

Selecciona lo que haces

Esta experiencia me llega al siguiente punto. Selecciona con cuidado lo que haces. No solo por temática, también por el trato y condiciones laborales. En cuánto tengas un poco de experiencia tendrás épocas en las que habrá más trabajo del que puedas asumir. O del que puedas asumir con una calidad de vida aceptable. No te preocupes. Tampoco de rechazar algo en época de vacas flacas si no llegan a tus mínimos. Ya llegará algo más. Los contenidos en Internet están en plena expansión y te tienes que hacer valer.

En este punto, prácticamente todos los redactores freelance tenemos problemas. Si, por ejemplo, nos hemos propuesto hacer 8 horas diarias y hacemos 7, no pasa nada. No pienses en coger algo mal pagado para rellenar esa hora. Disfrútala. Ya te llegarán otros momentos de no poder respirar.

Aun así, el redactor freelance siempre está buscando trabajo. Esto puede provocar estrés y ansiedad. De no estar aprovechando bien el tiempo. De no conseguir cumplir los objetivos. Tranquilo, esto es una carrera de fondo. Y lo importante es llegar al final.

Si con lo que haces puedes vivir, ya solo se trata de hacer una buena selección de proyectos. Disfruta de ese plus y, sino, deléitate en tu tiempo libre.

El trato y las condiciones laborales

Personalmente, le doy más valor al trato y a las condiciones laborales que a las temáticas. Una vez, estuve casi un año trabajando en una temática que me apasionaba. Las condiciones, sin embargo, no eran las más ventajosas, mucho trabajo y poco dinero. El trato tampoco.

Cuando hablo del trato, no me refiero únicamente a que sean simpáticos o agradables. En ese caso, por ejemplo, sentía que no se tenía en cuenta nada de lo que decía. Me hacían hacer informes periódicos y no se aplicaban ninguna de mis sugerencias de mejora. Había promesas que nunca se cumplían.

El mismo día que decidí dejarlo me ofrecieron otro trabajo en lo que me pasaba todo lo contrario. La temática no me gustaba, pero se tenían en cuenta todas mis opiniones. Os aseguro que trabajar me resultaba mucho más agradable. Y, cuando estás más a gusto, trabajas mejor.

Todo eso de salir de la zona de confort y el valor de la resilencia son gilipolleces. Cosas que dicen los poderosos para poder tratarte mal y que no te rebeles. Los grandes inventos de la humanidad siempre los han hecho gente que no necesitaban trabajar para vivir. Que lo hacían por gusto, sin presión. O han surgido por casualidad.

No digo que vayas a convertirte en el nuevo Shakespeare del marketing de contenidos. Pero trabajarás mejor si estás a gusto.

Ponte un horario

Habremos oído muchas veces que los freelances no tienen horarios. No es verdad. Tienes el horario que tú quieras ponerte. Es cierto que tienes una mayor flexibilidad, como si estuvieras en una empresa moderna. Yo siempre trato de no trabajar más de ocho horas diarias. Si es posible, con seis o siete me va de maravilla. No quiero vivir para trabajar –y tú tampoco deberías- sino trabajar para vivir.

Esto no quiere decir que no te guste tu trabajo. A mí –depende de qué, también hay que decirlo- me gusta. Pero la creatividad humana tiene un límite y llega un momento en el que tu cerebro no rinde igual.

En este caso, suelo aprovechar y seguir el horario laboral de mi pareja. También porque yo rindo mucho más a primera hora de la mañana. Aprovecho para dormir algo más –sus tiempos de desplazamientos- y trato de estar listo cuando vuelve. De esta forma, controlo no pasarme el día currando. Y no trabajo los fines de semana.

Esto también quiere decir que, si un cliente me manda un e-mail y ya está mi novio en casa, no lo respondo. Me espero al día siguiente. No hay que malacostumbrar a tus clientes. Y tienen que entenderlo. Igual que un banco tiene su horario y lo respetan, tienes que hacer respetar el tuyo.

Por supuesto, siempre hay excepciones. Pero evita que se conviertan en la norma. Sino, te pasarás la vida atado al móvil o al ordenador.

No bajes los precios

El tema de los precios es uno de los más complicados, especialmente al empezar. Estamos deseando encontrar trabajo, lo necesitamos, y estamos tentados a coger cualquier cosa. Entiendo que mientras la supervivencia está en juego, se puede acceder a determinadas condiciones. Una vez que la asegures, no lo hagas nunca.

Descubre también tu precio ideal. Para ello, calcula lo que te gustaría ganar. Divídelo por los días que trabajas al mes. Luego descubre cuando necesitas facturar al día para llegar a tu meta. Así no darás palos de ciego.

Lo recomendable es ponerte un precio normal, un margen mínimo y un ideal. Ofrece, en un primer momento, tu precio normal. Si las condiciones, la temática o el trato te encantan, puedes bajar al margen mínimo. Trata de subir poco a poco hasta el ideal. Te aseguro, por experiencia, que se puede.

Es posible que tengas que rechazar a diez potenciales clientes para conseguir uno. Pero cuando tengas a uno que te pague de forma decente, lo notarás. Si, además, aprecia tu trabajo, más.

Comprueba lo que tardas en hacer un texto y créate un precio decente a la hora. También calcúlalo por palabra, ya que es lo más habitual que te pidan. A veces tardarás más y, a veces, menos. Pero al final se equilibrará.

Ten también en cuenta que no tendrás vacaciones. Que las vacaciones son días que no cobras. Y que habrá días que estarás enfermo y no podrás trabajar.

Da plazos realistas

El tema de los plazos también es importante. Al principio, solemos pecar de inexperiencia y dar plazos un poco locos. Luego, o no los cumplimos o acabamos exhaustos. En mi caso, siempre he dado plazos un poco más largos de lo que pienso que me costará. Al final, siempre doy los encargos antes de la cuenta y el cliente está más contento.

En los casos en los que me escriben con plazos urgentes, por ejemplo, “hazme este texto para mañana”, nunca doy certeza absoluta. Digo: “lo intentaré, creo que me dará tiempo, sino pasado”. Y luego me da tiempo, pero te cubres las espaldas por si pasa cualquier cosa, que nunca se sabe.

De esta forma, evitas un estrés diario innecesario.

No esperes un contrato

Por último, toca quitar algo de esperanza. No trabajes pensando en que alguno de tus clientes podría hacerte un contrato. Los textos se externalizan porque sale más económicos. Estamos encaminados a un mundo de autónomos y falsos autónomos si la legislación no lo impide. Las empresas se ahorran gastos, bajas y vacaciones. No tienen que darte indemnización por despido y consiguen que dependas de ellos.

Sé consciente de la situación. Pueden darte la patada en cualquier momento. Es normal que un pequeño emprendedor o un ecommerce no te contrate. Pero cuando es una gran empresa o una agencia grande, no tengas dudas que podrías estar en nómina. Pero no les interesa. Así que actúa en consecuencia. Mientras te convenga, bien, cuando no, adiós.

Y hasta aquí mis consejos para redactores freelance. Si quieres dejar los tuyos, utiliza la sección de comentarios. ¡Nos leemos! 😉

P.D: En próximas entradas os daré otros consejos para redactores freelance. En concreto, las distintas posibilidades que tienes para facturar y como gestionar las redes sociales y la web para conseguir clientes.​

2 thoughts on “Consejos para redactores freelance

  • Me encantan los posts de este tipo. Personal, basado en la experiencia propia, con casos concretos, de carne y hueso. Me encanta verte crecer en este mundo, me dan ganas de llamarte “hermanito” 🙂
    Y el final… súper realista.
    PD: mola saber que no te falta curro y que cada vez disfrutas más de viajes y tiempo libre.

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